Lobo de mar, novela de Jack London

Por: Maria Fda. Cardona

Si el infierno existe tiene forma de barco. Si los demonios son reales son los marineros de El Gosth. Si hay un diablo se llama Wolf Larsen. Y no es un eufemismo: el capitán del Gosth es un lobo, un lobo de mar. Su barco es su bosque y sus marineros sus presas. Él domina su pequeño mundo sin piedad. No hay lugar para débiles. Si alguien no camina sobre sus piernas hay que enseñarle a hacerlo. ¿Cómo? Trabajando. A Hump le tocó tirar las muletas de su padre y, por primera vez, caminar. Y aunque su cuerpo era el de un hombre, su vida era la de un niño gateador. Hump, un caballero ilustrado, crítico de libros, intelectual destacado, un aristócrata, debe conocer la realidad, abandonar el idealismo de la filosofía, experimentar la crueldad humana, eliminar la idea de verdades morales.

Lobo de mar, de Jack London, es la historia de un capitán que quiere animalizar su mundo. Obligar a los despistados idealistas a aceptar que la realidad no es armoniosa, no es organizada, no se dirige hacia un absoluto, no es bella. El mismo Wolf Larsen es una muestra de que lo bello no necesariamente es bueno: sus ojos grises, su pecho de Vikingo, su virilidad lo hacen tan atractivo como la luz del sol y tan peligroso como el océano que responde al llamado de la luna llena.

Lobo de mar no es un libro memorable. Es como una botella de ron que seguimos bebiendo porque caminar chueco no nos basta. Así mismo queremos saber qué pasa cuando dos filosofías se encuentran de frente. Cuando el extremadamente materialista alega que lo único verdadero es el movimiento, mientras el idealista solo quiere reposar. Cuando un lobo humano toma entre sus garras el cuello de un ciervo.

Pero Jack London se equivocó. Él transita el camino fácil: muestra dos conceptos antagónicos y los equipara con el bien y con el mal. Como si el mundo fuera binario, como si existiera la posibilidad de ser enteramente materialista o idealista, como si cada hombre no fuera las dos cosas, como si los ateos no quisieran creer en Dios, como si los creyentes no dudaran.

Wolf Larsen y Hump son una farsa. No existen.

“Me siento en la obligación de mostrar lo feo del mundo”

Laura Meneses es una ilustradora pereirana que enfrenta el mundo a través del arte. Sus dibujos se alejan de lo que tradicionalmente consideramos bello. Ella decidió abandonar las ideas de armonía y simetría para apropiarse de las de brusquedad y denuncia. “Me gusta incomodar”, dice.

Dirección: Maria Fda. Cardona

Cámara: Camilo Morales

Montaje: Federico serna

Un pueblo a ritmo de ciudad

Estar en el centro de Manizales una mañana de sábado es como estar en un pueblo grande. Borrachos, vendedores, fuentes de soda, cafeterías con café recién molido. Luis H. Orozco decidió retratar esto. Aquí está el resultado.  

Texto: Maria Fda. Cardona y Luis H. Orozco

Fotografías: Luis H. Orozco

Una mañana septiembrina, Luis H. Orozco, fotógrafo manizaleño, salió a las calles del centro con el propósito de registrar la vida en su ciudad. El resultado: fotografías que nos muestran que en Manizales, aunque no faltan los edificios altos y modernos, aún podemos disfrutar de actividades reservadas para los pueblos. Aquí todavía se camina tranquilamente por la carrera 23, se saludan conocidos que no hace mucho dejamos de ver, se toma un café caliente en una banca mientras se lee en el periódico local los acontecimientos de las últimas horas, se observa con sorpresa las nuevas edificaciones y se escucha música en un almacén ambulante de discos viejos.

Pare final

¡Pare! ¡La ciudad sigue en movimiento! Es un frío sábado y los transeúntes atravesamos la carrera 23. Salimos por las húmedas calles a mercar, visitar viejos conocidos, tomar café, descubrir minucias en mercados de pulgas, compartir en familia, “echar chisme” y jugar ajedrez. Mientras tanto, Luis prepara su Canon y observa, entre las calles adoquinadas, a las personas que no esperan ser fotografiadas.

 

Música final (1)

Con una gorra vieja y una chaqueta que no es de su talla, la vendedora, sentada en una espuma envuelta en una ruana, mira hacia la carrera 23. Espera pacientemente su siguiente cliente y reproduce en su pequeño tocadiscos un viejo LP de Los Grandes Éxitos de las Cantinas:
Te esperaré
sé que me quieres
y yo seré tu adoración
en mi recuerdo grabado estará tu nombre
toda la vida te esperaré
y serás mi gran amor

Cansancio final

Tirado en la esquina, un vagabundo escucha Te esperaré, mezclado con los ruidos de los carros, las charlas cotidianas, los vendedores con sus megáfonos y el recuerdo del sonido de las cantinas que lo aguardaron la noche anterior.

Tinto final

Entre la polución y el olor del café recién molido, un vendedor local, sentado en una banca afuera de su tienda, imagina qué sería de su vida si sus piernas estuvieran paralizadas con la única protección de los recortes de una llanta. Es su cuarto tinto en la mañana y esto no le impide sentirse tirado en el andén, escuchando Los Grandes Éxitos de la Cantina, enguayabado después de un habitual viernes en la noche.

Cambio final

Un anciano observa melancólicamente, a través de una polisombra, el duro trabajo de los jóvenes obreros que desde las 6 de la mañana contribuyen a elevar el nuevo Banco de la República. Recuerda un espacio sin edificios, construcciones en bareque y fachadas con amplios balcones… Suspira.

***

La carrera 23 presenció con Te esperaré de fondo los pequeños hilos que tejen las relaciones de personas que, sin conocerse, revelan una historia que nos enseña la singularidad de las calles del centro de Manizales. Sin embargo, esta ciudad, en medio de su idiosincrasia, no escapa de las transformaciones que la planeación exige a las grandes ciudades.

Festivales de cine en Colombia (2017)

La creación de público cinematográfico es una necesidad para la industria del cine del país. Por esto, construimos un mapa con los diferentes festivales de cine en Colombia con el fin de que conozcan y participen. 

Por: Maria Fda. Cardona y Miguel Rico Vence

Es un hecho que cada vez hay más producciones cinematográficas colombianas y espectadores para estas. Gracias a la Ley de Cine (2003), por la cual las empresas reciben beneficios tributarios cuando invierten en producciones audiovisuales, y a la creación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico se producen más películas nacionales. Iván D. Gaona, director de cine, nos contó que en Colombia, gracias al apoyo estatal –que aunque puede parecer poco es más del que había antes– se está creando una cultura cinematográfica que aún está en pañales pero que es importante resaltar. Esa cultura cinematográfica no solo se traduce en más películas, también en más espectadores. Proimágenes Colombia, la entidad encargada de fomentar las políticas públicas para el cine en el país, muestra que cada vez más los colombianos vamos a salas de cine a ver películas nacionales: mientras que en 2010 1.5 millones de personas fueron a salas de cine a ver películas colombianas, en 2016 fueron 4.7 millones.

El crecimiento de la cultura cinematográfica también se evidencia en la fuerza que están tomando los festivales de cine, pues estos, aun cuando cada uno tenga su particularidad, buscan visibilizar el cine colombiano y el de su región. La creación de públicos, entonces, es una preocupación común de estos eventos. Un aspecto a destacar es que después de la Ley de Cine aumentó la creación de festivales de este tipo, por lo que la oferta ya no se reduce a los tradicionales FICCI o Bogocine. Por ejemplo, en 2005 se fundó el Festival Internacional de Cine de Pasto (FICP), en 2006 el de Neiva (Cinexcusa) y en 2009 el de Bucaramanga (FICS) y Cali (FICC). También es interesante destacar que hay ciudades pequeñas, como Manizales, Ibagué, Sincelejo, o pueblos como Santa Fe de Antioquia, Guadalajara de Buga y Toro, donde se están desarrollando estos proyectos.

En síntesis, si bien el cine y el público cinematográfico del país están en pañales, como dice Gaona, poco a poco se han ido desarrollando escenarios fílmicos que prometen reivindicar las obras regionales y generar interés en estos temas a las nuevas generaciones. Sin embargo, es necesario mencionar que para que el cine realmente se democratice y llegue a más colombianos, estos festivales deben extenderse a comunidades alejadas de las ciudades más importantes del país. Por solo dar dos ejemplos, en el mapa se observa que la Orinoquía y el Amazonas carecen de estos eventos.

Haz clic en el mapa y conoce con detalle los festivales de cine en Colombia:

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Internet, belicismo y tecnología (podcast)

La historia de internet es la excusa de este par de paisas para hablar de ciencia ficción, escándalos mediáticos y guerras cibernéticas. ¿Será mejor vivir en una novela de George Orwell ya que las reglas de juego están desde el principio claras para sus personajes?, es una de las preguntas que se hacen este par mientras “maman gallo”.

Por: Maria Fda. Cardona y Sebastián Giraldo

 

¿Qué película quieren ver en cine? Actividad de recolección de datos

Hace unos días nos preguntamos por la actual cartelera de cine en Colombia y cuáles películas irían a ver los colombianos. Para responder nuestra inquietud debimos reconstruir la cartelera de cine, delimitar el problema y escoger un lugar específico para preguntarle a las personas qué cinta verían. Finalmente, construimos un hexágono en el que cada lado, representando una película, tiene un tubo donde las personas, dependiendo del género y la edad, depositaron un dulce. La idea es que la recolección de datos fuera divertida y no se limitara a la pregunta “¿qué película quiere ver en cine?”

Por: Maria Fda. Cardona y Miguel Rico Vence

La encuesta se realizó en un café de Manizales el pasado miércoles 12 de abril. Este café se encuentra en medio de un parque público de la ciudad y es un espacio abierto. Por esto, se presentó como el lugar ideal para hacer la actividad. Además, en el lugar hay niños, jóvenes y adultos, quienes, entusiasmados, participaron en el juego y, sonrientes, se llevaron un dulce como recompensa.

Nuestra cartelera de cine incluyó las siguientes películas:

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A continuación les mostramos fotografías y un video de la actividad:

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“Mami, ¡es que delinquir no paga!”

En un momento en el que los grupos armados colombianos se tomaban Medellín y crecía la violencia urbana en esta ciudad, en la cárcel Bellavista, ubicada en Bello, los expresidiarios hacían pactos de convivencia y formulaban Delinquir No Paga, un programa donde se sensibilizan niños y jóvenes para prevenir el delito. Después de 16 años, el programa continúa y se ha extendido a otras ciudades del país.

Por: Maria Fda. Cardona

Foto: fotomontaje

Corría el año 2004 y los reclusos de Bellavista resolvían sus diferencias en la Mesa de Trabajo por la Paz. Allí se sentaban miembros de las Autodefensas, las Farc, el ELN y condenados por delincuencia común. Eran más de 50 personas que representaban los distintos bandos y que desde 1998 intentaban dejar a un lado su ideología y problemas personales para construir un espacio de sana convivencia. Jader Parra, exrecluso que hizo parte de la mesa desde sus orígenes, cuenta que este proceso le dio a Bellavista (que en los 80s y 90s era considerada una de las cárceles más violentas del país) el título en 2003 de centro carcelario no violento y que fue el primer paso para la construcción de Delinquir No Paga.

“Delinquir No paga busca implementar acciones en las instituciones educativas, que por lo general están priorizadas por la secretaría de educación, para que los niños y adolescentes no se involucren en la vida delictiva. Sabemos que estos niños y jóvenes crecen en un contexto delicado, que tienen pandillas prácticamente en la puerta de la casa, que conocen gente que comercializa drogas, que portan armas, etc.”, cuenta la socióloga Ana María Gómez, integrante del programa en Medellín. Así, expresidiarios y profesionales de las áreas sociales visitan colegios y realizan talleres que contribuyan a la prevención temprana del delito. Mensualmente cada tallerista debe sensibilizar 350 niños.

Fueron algunos de los integrantes de la mesa quienes decidieron formular este programa tras una visita del hijo de una funcionaria del Inpec, a quien su madre llevó preocupada porque lo veía en malos pasos. Jader cuenta que el joven conoció los patios, la zona de comida, los baños, las celdas, etc., y que quedó tan impresionado que le dijo a su mamá: “mami, ¡es que delinquir no paga!”. Después de este suceso los reclusos comenzaron a evaluar la posibilidad de crear un proyecto que sensibilice a los niños y jóvenes a través de un recorrido por las cárceles y talleres donde ellos puedan contar su experiencia. Un año después, en 2005, los talleres comenzaron a hacerse también en las instituciones educativas. A partir del juego, la visualización de videos y la exposición se trabajan temas como el consumo de sustancias psicoactivas, la violencia, la situación familiar, entre otros.

La realidad en Colombia es que la delincuencia es un problema grande por lo que iniciativas que busquen prevenirla son urgentes y necesarias. Como plantea el informe de 2012 de las Naciones Unidas, Latinoamérica es una de las regiones donde hay más delincuencia común, siendo Colombia uno de los países más problemáticos al respecto. Además, según cifras del informe estadístico de 2016 del Inpec, en el país hay en total 175.584 personas privadas de la libertad dentro del sistema penitenciario y carcelario, y siguiendo cifras del ICBF de 2014, los menores de edad que ingresaron al Sistema de Responsabilidad Penal para el Adolescente fueron 29.644, de los cuales 8.036 jóvenes son de Bogotá y 4.120 de Antioquia.

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Jader Parra se siente orgulloso de ser uno de las personas que formularon y trabajan actualmente en el programa, pues siente que es una oportunidad para reivindicarse con la sociedad. Él, quien estuvo 15 años preso, desde 1998 hasta 2013, por doble homicidio, doble tentativa de homicidio, concierto para delinquir, porte ilegal de armas y jefe de bandas, hace parte de los talleristas que visitan las instituciones y cuentan su historia de vida. Él dice que espera contribuir a la disminución de la delincuencia en Medellín y que los jóvenes que viven en un contexto similar en el que él creció construyan un proyecto de vida honesto.

Jader es un ejemplo de lo vulnerables que se encuentran los niños que viven en zonas con altos índices de violencia: él creció en la Comuna 13 de Medellín y con unos compañeros crearon una banda para evitar que milicias urbanas se tomaran el barrio. “Nosotros éramos de los chicos que decíamos ‘aquí nací, en este barrió me crie, por este barrio me hago matar, etc., etc., y que no dejábamos que las milicias entraran a nuestro sector. Resultaron muchas cosas, se dio mucha bala, y así fue como con un grupo de compañeros cuando tenía 18 años terminé en Bellavista”, dice Jader. Y concluye: “ojalá yo hubiera tenido la oportunidad de ir a la cárcel a conocer, a que me hablaran de las consecuencias de mis actos…”

Por esto Jader valora los esfuerzos de Delinquir No paga y cree que es una forma de evitar la delincuencia. No obstante, como dice Ana María, el programa no deja de tener problemas, dado a que el delito es un problema integral que no se reduce simplemente cuando se visitan colegios: “nosotros podemos ir a decirles a los chicos ‘es que delinquir no paga, usted se va a tirar la vida si se mete en esas cosas y terminan en la cárcel’, pero ellos en el barrio están viendo que el que maneja el combo consigue la super moto, tiene los super tenis, tiene la chica más linda del lugar como novia, dificultándose el cuento. Es que el tema del delito es un problema estructural. Si tú vives en un contexto de pobreza, si tú familia no tiene qué comer y si las oportunidades laborales para que tú puedas trabajar honestamente no existen, para muchos chicos es la única opción… En tres encuentros uno puede sensibilizar, pero cambiar difícilmente. Hay muchos niños que te creen el discurso, que lo asumen, pero no deja de ser muy inmediato”.

El programa, concluye Ana María, debe ir acompañado de otros proyectos que intervengan en la estructura del problema, como, por ejemplo, procesos que disminuyan la pobreza. Sin embargo, incluso con las dificultades, Delinquir No Paga es una oportunidad para que los expresidiarios compartan sus vivencias y para que los jóvenes tengan contacto con una realidad que parece ajena y lejana, pero que por el contrario está más cerca de lo que parece. Actualmente, el programa ha sido adoptado por las alcaldías de otras ciudades, en las que se incluyen Bogotá, Neiva, Barranquilla, Cúcuta, Montería, Cali y Pereira.

 

Y los seis murieron a sangre fría

Por: Maria Fda. Cardona

Había pasado un mes desde Halloween y los recuerdos de ese día se esfumaban como la lluvia que da paso al arcoíris. Los disfraces guardados en el fondo del armario confirmaban que la fiesta había terminado. Las brujas y fantasmas retornaban a su lugar de origen: la imaginación de los hombres. Los mismos que dejaban el negro y naranja ahora se apropiaban del rojo y blanco porque la navidad ya caminaba, lentamente, hacia las ciudades. Pero en Nueva York todavía era de noche: las fiestas de disfraces solo terminarían cuando pasara El baile en blanco y negro, organizado por Truman Capote, el mismo que unos meses antes sufría porque la muerte tocó su puerta. A sangre fría se llamó el resultado de ese toc-toc.

La tristeza ya no estaba. Capote declaraba que 1966 era su año, y el baile lo confirmaba: la clase alta de la sociedad estadounidense estaba allí. Desde Andy Warhol con su extraño corte de cabello, hasta Frank Sinatra con su arrogancia italiana; desde la hermosa y arriesgada Marlene Drietich con su fuerza alemana, hasta la delicada y joven Mia Farrow con su corte pixie. Celebridades, políticos, artistas, escritores, príncipes europeos. La lista ascendía a más de 500 personas que debían usar máscaras que cubrieran su rostro. Era un hecho: Truman Capote era más que un escritor: era el hijo pródigo de América. Un sureño que aunque careció de amor materno, fue criado por familiares y vivió en distintos hogares, escaló la montaña y llegó a la cima. Truman Capote no era un nombre más. Era el preferido de todos.

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Truman Capote

“Es como si Perry y yo hubiéramos crecido en la misma casa pero él hubiera salido por la puerta de atrás”, dice Philip Seymour Hoffman interpretando a Truman en Capote (2005), la película que cuenta cómo Capote escribió A sangre fría: desde que leyó la noticia en el New York Times, con el encabezado “Rico agricultor y tres miembros de su familia, asesinados”, pasando por sus visitas a Holcomb, el lugar de la tragedia, y el arresto de Dick y Perry, los asesinos de la familia Clutter, hasta su relación con ellos y el dilema de la pena de muerte. Y es que, según el mismo Capote, A sangre fría, su obra más aclamada, es el inicio de un nuevo género periodístico y literario: el periodismo narrativo y la novela de no ficción. Sin embargo, recordemos que nueve años antes de A sangre fría, en 1957, el argentino Rodolfo Walsh publicó Operación masacre, donde se relataron los fusilamientos de José León de Suárez ocurridos el 9 de junio de 1956. Los métodos fueron los mismos que usó Capote: entrevistas a los involucrados. Pero Walsh no era estadounidense ni amigo de celebridades y políticos, por lo que su obra no es igual de conocida que la del anfitrión del baile. Pero incluso con esa controversia, es indudable que Capote influenció a periodistas y escritores, al mismo tiempo que demostró que a diferencia de Perry él sí salió por la puerta delantera de la casa. Cumplió el sueño americano.

Al igual que Capote, la familia Clutter representaba el sueño americano: ricos agricultores que vivían en una pequeña comunidad de Kansas alejada del movimiento citadino. La cabeza de la familia era Herbert Clutter, un querido miembro de la comunidad, su esposa era Bonnie Fox, quien sufría de depresión, y sus hijos eran Eveanna, Beverly, Nancy y Kenyon. Los miembros de esa familia, menos Eveanna y Beverly que ya no vivían en casa, ya no estarían vivos para la mañana del domingo 15 de noviembre de 1959, el día más importante de la semana: el de la misa.

Por otra parte, Dick y Perry representaban la otra cara de la moneda, la que la visible prosperidad esconde debajo de la alfombra: personas con gran potencial, con inteligencia superior a la media, que lo único que deseaban era educación, pero que al no tenerla se ocuparon en trabajos manuales y poco remunerados. Perry, hijo de una india cheroqui y un pelirrojo irlandés, pintaba, escribía, tocaba la guitarra y su sueño era estar en una tarima y que todos le aplaudieran por su magnífica presentación. Dick era el deportista blanco que todos admiraban en el colegio y un entusiasta de las matemáticas. Su sueño era ir a la universidad. Ellos son los pobres diablos que no se resignaron a serlo y decidieron dispararle al sueño americano.

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Dick Hickock y Perry Smith

A sangre fría es el resultado de seis años de investigación y de la obsesión de un hombre por reconstruir todos los hechos y mostrar todos los puntos de vista. Quizá es el libro que todo periodista quisiera escribir, pues aunque Holcomb es un pueblo olvidado y su gente ordinaria, Capote hizo los acontecimientos relevantes. Y es que ciertamente el asesinato a sangre fía de una familia es un hecho relevante en sí mismo, pero, lamentablemente, olvidable: por los mismos días se presentaron asesinatos parecidos y nadie los recuerda porque no hubo quien contara el cuento. Esto también nos dice que el periodismo es efímero y los titulares, por más desgarradores que sean, simple amarillismo. Las personas olvidamos rápido y dejamos los recortes de los periódicos en cajas que con los años cubren las arañas. Por eso Capote hizo bien en abandonar su intención inicial, escribir un artículo sobre cómo el suceso influyó en el pueblo, y hacer una novela de no ficción, ya que la literatura, si está bien escrita, es imperecedera. A sangre fría, aun con título amarillista, lo es.

El éxito fue total: Truman Capote se consolidó como uno de los grandes escritores del siglo XX. El baile en blanco y negro lo confirmaba. La fiesta dejó atrás el sinsabor de la pena de muerte y de las amistades construidas a lo largo de la escritura de la novela. Él retornó a donde pertenecía: al mundo de las cámaras, la fama, la moda y de la alta sociedad. Su voz chillona, tan insoportable que solo un murciélago podía aguantar, como decía su amigo Tennessee Williams (el dramaturgo), acaparó la velada. Tal vez todos eran murciélagos que sedientos de sangre celebraban la muerte a sangre fría de seis personas que dejó la noche del 14 de noviembre de 1959.

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Perry Smith y Truman Capote

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