“Mami, ¡es que delinquir no paga!”

En un momento en el que los grupos armados colombianos se tomaban Medellín y crecía la violencia urbana en esta ciudad, en la cárcel Bellavista, ubicada en Bello, los expresidiarios hacían pactos de convivencia y formulaban Delinquir No Paga, un programa donde se sensibilizan niños y jóvenes para prevenir el delito. Después de 16 años, el programa continúa y se ha extendido a otras ciudades del país.

Por: Maria Fda. Cardona

Foto: fotomontaje

Corría el año 2004 y los reclusos de Bellavista resolvían sus diferencias en la Mesa de Trabajo por la Paz. Allí se sentaban miembros de las Autodefensas, las Farc, el ELN y condenados por delincuencia común. Eran más de 50 personas que representaban los distintos bandos y que desde 1998 intentaban dejar a un lado su ideología y problemas personales para construir un espacio de sana convivencia. Jader Parra, exrecluso que hizo parte de la mesa desde sus orígenes, cuenta que este proceso le dio a Bellavista (que en los 80s y 90s era considerada una de las cárceles más violentas del país) el título en 2003 de centro carcelario no violento y que fue el primer paso para la construcción de Delinquir No Paga.

“Delinquir No paga busca implementar acciones en las instituciones educativas, que por lo general están priorizadas por la secretaría de educación, para que los niños y adolescentes no se involucren en la vida delictiva. Sabemos que estos niños y jóvenes crecen en un contexto delicado, que tienen pandillas prácticamente en la puerta de la casa, que conocen gente que comercializa drogas, que portan armas, etc.”, cuenta la socióloga Ana María Gómez, integrante del programa en Medellín. Así, expresidiarios y profesionales de las áreas sociales visitan colegios y realizan talleres que contribuyan a la prevención temprana del delito. Mensualmente cada tallerista debe sensibilizar 350 niños.

Fueron algunos de los integrantes de la mesa quienes decidieron formular este programa tras una visita del hijo de una funcionaria del Inpec, a quien su madre llevó preocupada porque lo veía en malos pasos. Jader cuenta que el joven conoció los patios, la zona de comida, los baños, las celdas, etc., y que quedó tan impresionado que le dijo a su mamá: “mami, ¡es que delinquir no paga!”. Después de este suceso los reclusos comenzaron a evaluar la posibilidad de crear un proyecto que sensibilice a los niños y jóvenes a través de un recorrido por las cárceles y talleres donde ellos puedan contar su experiencia. Un año después, en 2005, los talleres comenzaron a hacerse también en las instituciones educativas. A partir del juego, la visualización de videos y la exposición se trabajan temas como el consumo de sustancias psicoactivas, la violencia, la situación familiar, entre otros.

La realidad en Colombia es que la delincuencia es un problema grande por lo que iniciativas que busquen prevenirla son urgentes y necesarias. Como plantea el informe de 2012 de las Naciones Unidas, Latinoamérica es una de las regiones donde hay más delincuencia común, siendo Colombia uno de los países más problemáticos al respecto. Además, según cifras del informe estadístico de 2016 del Inpec, en el país hay en total 175.584 personas privadas de la libertad dentro del sistema penitenciario y carcelario, y siguiendo cifras del ICBF de 2014, los menores de edad que ingresaron al Sistema de Responsabilidad Penal para el Adolescente fueron 29.644, de los cuales 8.036 jóvenes son de Bogotá y 4.120 de Antioquia.

***

Jader Parra se siente orgulloso de ser uno de las personas que formularon y trabajan actualmente en el programa, pues siente que es una oportunidad para reivindicarse con la sociedad. Él, quien estuvo 15 años preso, desde 1998 hasta 2013, por doble homicidio, doble tentativa de homicidio, concierto para delinquir, porte ilegal de armas y jefe de bandas, hace parte de los talleristas que visitan las instituciones y cuentan su historia de vida. Él dice que espera contribuir a la disminución de la delincuencia en Medellín y que los jóvenes que viven en un contexto similar en el que él creció construyan un proyecto de vida honesto.

Jader es un ejemplo de lo vulnerables que se encuentran los niños que viven en zonas con altos índices de violencia: él creció en la Comuna 13 de Medellín y con unos compañeros crearon una banda para evitar que milicias urbanas se tomaran el barrio. “Nosotros éramos de los chicos que decíamos ‘aquí nací, en este barrió me crie, por este barrio me hago matar, etc., etc., y que no dejábamos que las milicias entraran a nuestro sector. Resultaron muchas cosas, se dio mucha bala, y así fue como con un grupo de compañeros cuando tenía 18 años terminé en Bellavista”, dice Jader. Y concluye: “ojalá yo hubiera tenido la oportunidad de ir a la cárcel a conocer, a que me hablaran de las consecuencias de mis actos…”

Por esto Jader valora los esfuerzos de Delinquir No paga y cree que es una forma de evitar la delincuencia. No obstante, como dice Ana María, el programa no deja de tener problemas, dado a que el delito es un problema integral que no se reduce simplemente cuando se visitan colegios: “nosotros podemos ir a decirles a los chicos ‘es que delinquir no paga, usted se va a tirar la vida si se mete en esas cosas y terminan en la cárcel’, pero ellos en el barrio están viendo que el que maneja el combo consigue la super moto, tiene los super tenis, tiene la chica más linda del lugar como novia, dificultándose el cuento. Es que el tema del delito es un problema estructural. Si tú vives en un contexto de pobreza, si tú familia no tiene qué comer y si las oportunidades laborales para que tú puedas trabajar honestamente no existen, para muchos chicos es la única opción… En tres encuentros uno puede sensibilizar, pero cambiar difícilmente. Hay muchos niños que te creen el discurso, que lo asumen, pero no deja de ser muy inmediato”.

El programa, concluye Ana María, debe ir acompañado de otros proyectos que intervengan en la estructura del problema, como, por ejemplo, procesos que disminuyan la pobreza. Sin embargo, incluso con las dificultades, Delinquir No Paga es una oportunidad para que los expresidiarios compartan sus vivencias y para que los jóvenes tengan contacto con una realidad que parece ajena y lejana, pero que por el contrario está más cerca de lo que parece. Actualmente, el programa ha sido adoptado por las alcaldías de otras ciudades, en las que se incluyen Bogotá, Neiva, Barranquilla, Cúcuta, Montería, Cali y Pereira.

 

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