Un pueblo a ritmo de ciudad

Estar en el centro de Manizales una mañana de sábado es como estar en un pueblo grande. Borrachos, vendedores, fuentes de soda, cafeterías con café recién molido. Luis H. Orozco decidió retratar esto. Aquí está el resultado.  

Texto: Maria Fda. Cardona y Luis H. Orozco

Fotografías: Luis H. Orozco

Una mañana septiembrina, Luis H. Orozco, fotógrafo manizaleño, salió a las calles del centro con el propósito de registrar la vida en su ciudad. El resultado: fotografías que nos muestran que en Manizales, aunque no faltan los edificios altos y modernos, aún podemos disfrutar de actividades reservadas para los pueblos. Aquí todavía se camina tranquilamente por la carrera 23, se saludan conocidos que no hace mucho dejamos de ver, se toma un café caliente en una banca mientras se lee en el periódico local los acontecimientos de las últimas horas, se observa con sorpresa las nuevas edificaciones y se escucha música en un almacén ambulante de discos viejos.

Pare final

¡Pare! ¡La ciudad sigue en movimiento! Es un frío sábado y los transeúntes atravesamos la carrera 23. Salimos por las húmedas calles a mercar, visitar viejos conocidos, tomar café, descubrir minucias en mercados de pulgas, compartir en familia, “echar chisme” y jugar ajedrez. Mientras tanto, Luis prepara su Canon y observa, entre las calles adoquinadas, a las personas que no esperan ser fotografiadas.

 

Música final (1)

Con una gorra vieja y una chaqueta que no es de su talla, la vendedora, sentada en una espuma envuelta en una ruana, mira hacia la carrera 23. Espera pacientemente su siguiente cliente y reproduce en su pequeño tocadiscos un viejo LP de Los Grandes Éxitos de las Cantinas:
Te esperaré
sé que me quieres
y yo seré tu adoración
en mi recuerdo grabado estará tu nombre
toda la vida te esperaré
y serás mi gran amor

Cansancio final

Tirado en la esquina, un vagabundo escucha Te esperaré, mezclado con los ruidos de los carros, las charlas cotidianas, los vendedores con sus megáfonos y el recuerdo del sonido de las cantinas que lo aguardaron la noche anterior.

Tinto final

Entre la polución y el olor del café recién molido, un vendedor local, sentado en una banca afuera de su tienda, imagina qué sería de su vida si sus piernas estuvieran paralizadas con la única protección de los recortes de una llanta. Es su cuarto tinto en la mañana y esto no le impide sentirse tirado en el andén, escuchando Los Grandes Éxitos de la Cantina, enguayabado después de un habitual viernes en la noche.

Cambio final

Un anciano observa melancólicamente, a través de una polisombra, el duro trabajo de los jóvenes obreros que desde las 6 de la mañana contribuyen a elevar el nuevo Banco de la República. Recuerda un espacio sin edificios, construcciones en bareque y fachadas con amplios balcones… Suspira.

***

La carrera 23 presenció con Te esperaré de fondo los pequeños hilos que tejen las relaciones de personas que, sin conocerse, revelan una historia que nos enseña la singularidad de las calles del centro de Manizales. Sin embargo, esta ciudad, en medio de su idiosincrasia, no escapa de las transformaciones que la planeación exige a las grandes ciudades.

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